Sofía Suescun: «Mis 24 horas del día son telerrealidad»

Conseguir cita con Sofía Suescun es tan complicado como lograr un pase para el Despacho Oval. Está en la cresta ola. Que si nuevo novio. Que si un percance con la Policía en Marbella. Todo el mundo habla de ella este verano. Los paparazzi no le dan tregua. Pero aún así conseguimos que se tome una caña con nosotros. Bueno, ella una Coca Cola porque no bebe alcohol, un asunto que también ha dado para horas de tertulias televisivas. La espera merece la pena porque, además, viene acompañada de su nueva conquista, Kiko, y despliegan su amor sin tabúes durante la entrevista con la mirada puesta en Las Maldivas donde se van a escapar unos días.

El suyo si que está siendo un verano de infarto… ¿Cómo sobrevive a ser «perseguida» sin tregua?

Mi vida es movidita siempre a unos niveles extremos, pero bueno, ahora y después de más de un año y medio sin vacaciones me voy unos días fuera. Parece que mi vida es perfecta y todo es maravilloso, pero realmente es un estrés total.

¿En algún momento escapa de la telerrealidad o vive atrapada en ella?

Mis 24 horas del día son telerrealidad. Es complicado mantenerse en el punto de mira y me sorprende que todo lo que hago tenga tanta repercusión. No sé por qué genero tanto interés.

¿Qué le aporta su nueva pareja que no le hayan dado sus ex?

Es una persona muy madura en todo lo que hace, con las tareas domésticas… Luego está muy pendiente de mí para que no me falte nada. Es muy atento. Además, admiro su iniciativa para todo y compartimos los mismos proyectos de vida.

¿Qué es lo mejor de los primeros días/semanas de una relación?

Esa pasión a la hora de hacer cualquier cosa, cepillarte los dientes, recoger los platos de la comida… Cualquier cosa. Pero espero que esto no sea solo al principio. Yo soy muy romántica, pasional y sentimental.

Pretendientes nunca le han faltado, ¿quién le ha sorprendido que le tirara los trastos?

No me gusta que me los tiren, yo soy de tirarlos. Es decir que no me gusta que me elijan sino que soy yo la que elige. A Kiko le tenía fichado desde hace seis años y mira… (le lanza un beso)

¿Se ha sentido utilizada en alguna ocasión?

Igual sí en algún momento, pero tienes que ser más inteligente y estar por encima de todo eso. Si te utilizan, pues hazlo tú también.

¿Cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en una «chica reality»?

Todo lo que se ve de mí tanto en la tele como en la calle es verdad. Yo soy todo realidad. Eso sí, hay que aprender a que las cosas de dentro de los «realities» no te afecten fuera. No es sencillo, yo a los 19 años, cuando salté a la fama, no sabía hacerlo. Poco a poco te das cuenta de quién eres y coges seguridad. A la única persona que hay que ser fiel es a una misma, aunque también hay que respetar a los «haters». No puedes gustar a todos. La clave está en no endiosarse escuchando solo las cosas positivas.

¿Hay vida más allá de la tele?

Sí, tengo la capacidad de adaptarme a todo. Ya sea trabajando en la tele como en un súper. Pero la tele me gusta y me veo aquí muchos años, me gustaría en un futuro presentar un programa de temas sociales. Me encanta comunicar.

¿La fama es poder?

Sí, pero te da un poder de doble filo porque puede jugar en tu contra.

¿La audiencia es un chute de adrenalina?

A mí, más que subidón me da miedo. No soy consciente de lo que genero.

Hacienda estará muy contenta con que usted gane tantos concursos…

Imagínate, conmigo está encantada. El tema de Hacienda me preocupa bastante porque veo por los problemas que ha pasado tanta gente de la tele… No podría verme en esa situación, por eso soy super responsable y tengo todo controlado, aunque el día de pasar el IVA me pongo de los nervios.

¿Por qué dejó su carrera de Psicología? ¿Es más fácil lidiar con «Sálvame» que con Freud?

(Risas) Sí, iba para psicóloga, estudié el primer año pero no me terminaba de convencer. Algunas asignaturas, como psicobiología o matemáticas, las veía muy complicadas y me agobiaba.

¿Le gustaba estudiar?

Mucho, yo antes era una empollona. Me encerraba en la habitación para estudiar durante horas. Era de las que decía: «Qué mal me ha salido el examen» y luego, ¡boom», un nueve. Daba un poco de asco (risas). Antes no salía nada, solo me gustaba estudiar, levantarme a las cuatro de la mañana para repasar los exámenes. Ésa era mi satisfacción, fíjate.

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