¿Qué se esconde bajo el suelo de la Plaza de España?

Nuevo revés a la política urbanística de la alcaldesa en funciones. Y en este ocasión, por chocar frontalmente contra el valor del legado histórico que podría hallarse en el subsuelo madrileño. La Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, presidida por Paloma Sobrini, ha ordenado paralizar las obras que el Ayuntamiento ha emprendido con motivo de la reforma de la Plaza de España. Según se dicta en la orden, el Consistorio de Manuela Carmena ha incumplido la resolución que obliga a «un control y seguimiento arqueológico y paleontológico de todos los movimientos de tierras que se lleven a cabo». Una fase, esta última, que comenzó en fechas recientes. De hecho, Patrimonio subraya que este control debería ser «especialmente intensivo mientras duren los movimientos de extracción» en la «zona de acceso de autoridades al senado desde la calle Bailén», así como en las «nuevas trampas de acceso al aparcamiento subterráneo en la zona sur de Plaza de España».

Carmena afirmó «estar segura de que se resolverá» este «malentendido», si bien aseguró no haber recibido ninguna notificación por parte de la Comunidad de Madrid y que «todos los permisos están en regla». Por su parte, Paloma Sobrini ha criticado el hecho de que el Ayuntamiento «sigue ignorando» las prescripciones que le llegan desde el Gobierno regional. Algo que le resulta «sorprendente», teniendo en cuenta que la Dirección General de Patrimonio ya impidió que el Consistorio de Ahora Madrid llevara a cabo dos actuaciones en Plaza de España por motivos similares: la demolición del muro de Sabatini, paralelo a la cuesta de San Vicente, y la prolongación del túnel de Bailén hasta Ferraz.

Ahora bien: ¿qué vestigios se esconden bajo las tierras de Plaza de España? La zona forma parte del «recinto histórico» de Madrid, coincidente con la última cerca que circundaba la Villa y que fue levantada en el siglo XVII por Felipe IV. Este perímetro fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1993. En aquella resolución se alude a la existencia de «restos arqueológicos de diversos momentos culturales anteriores a la fundación árabe de Madrid»: vestigios materiales del paleolítico, de la Edad de Bronce y del Hierro, así como pertenecientes a la dominación romana y del reino visigótico. Del mismo modo, se referencian restos de «la época fundacional musulmana y cristiana hasta el siglo XV», como las murallas del primer y segundo recintos de la Villa, declaradas también BIC.

De hecho, en la literatura arqueológica se cita al arquitecto Fernando García Lomas, que, supuestamente, descubrió vestigios romanos mientras se llevaban cabo los trabajos en el monumento a Cervantes, que fue inaugurado en dos ocasiones tras sendas reformas: 1929 y 1957.

Como explica a LA RAZÓN José María Ezquiaga, ex decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), «todo el entorno del Manzanares tiene restos de todo tipo al ser un curso de agua muy antiguo, por lo que no es de extrañar esta circunstancia». Además, «es más frecuente en el casco antiguo de Madrid, donde se han hallado restos de muralla». No en vano, «el famoso Majerit musulmán tenía su epicentro cerca del Palacio Real. Como ocurre en Toledo o Segovia, era un puesto cercano al río y sobre una posición elevada, lo cual les daba una posición ventajosa». Por eso, Ezquiaga opina que «es normal que haya un arqueólogo presente» en este tipo de entornos y durante estos trabajos, algo que ocurre en ciudades patrimonio de la Humanidad como la ya citada Segovia o Toledo.

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