José Ramón Urquijo, el afrancesado que no renegó de España

A principios de los ochenta, la curiosidad por el periodo de la primera Guerra Carlista empieza a calar con fuerza en la cabeza de José Ramón Urquijo Goitia (Durango, 1953). Director de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma del CSIC, este vizcaíno ha dedicado años de su vida a intentar canalizar esta curiosidad a través del estudio. Durante uno de esos periodos de intensa investigación descubre la figura del consejero de José I, Vicente González Arnau, por mediación de un discurso necrológico que el historiador Vicente de la Fuente pronuncia cuando Arnau muere en 1845.

En dicho elogio fúnebre se puede apreciar una puesta en valor bastante significativa que hablaba de «un consumado jurisconsulto, hábil abogado, distinguido economista e insigne literato», así como de «una reputación sólida y bien merecida que no se parece a tantas ficticias y caprichosas que se han atribuido a hombres de poca valía». Semejantes atribuciones activan una necesidad en Urquijo de contar la verdadera historia en el libro «La compleja biografía de un afrancesado» sobre alguien que no solo desempeñó importantes cargos en la sociedad madrileña, sino que además se consolidó como uno de los intelectuales más sobresalientes de la primera mitad del siglo XX convirtiendo en habituales de las tertulias culturales que se llevaban a cabo en su casa a insignes como Goya, Larra, Moratín o Quiroga.

«He visitado más de veinticinco archivos de España y del extranjero y he recompuesto el puzzle de una vida muy diversificada. El proceso me ha resultado en ocasiones tremendamente difícil», asegura Urquijo antes de hacer alusión a los impedimentos con los que se encontró durante su estancia en París; «Los archivos municipales de París son difíciles, no hay constancia de muchas cosas y mientras me documentaba sobre su periodo de exilio, la policía daba información sobre el contexto sobre él apenas me proporcionaron nada».

Lecturas de intelectual

La biblioteca que poseía Vicente González Arnau en Madrid se convirtió en el depositario más ilustrativo de sus ideas y en el principal generador intelectual de su conocimiento. «Uno compra los libros que le interesan. Los libros que tiene de Derecho por ejemplo, son los libros que él necesita para trabajar y los que contribuyen a la formación de su pensamiento jurídico. También tiene clásicos latinos, libros de religión, de historia y de política, una de sus grandes pasiones.

Pero el gran peso de su biblioteca estaba destinado al área de Derecho», apunta Urquijo. Con respecto a su posicionamiento durante el reinado de Fernando VII, se diferenció de coetáneos como Llorente, que estuvo hasta el final en Francia y atacó duramente la política de «el Deseado». Urquijo señala que «cuando González Arnau va a Francia no se dedica a escribir contra todos los que le atacan en España, pero sin embargo él dedice postergar su vuelta a España para hacerlo en el momento perfecto. Todo lo que hace es porque está convencido de ello y solo justifica sus actos ante sus hijos por medio de una carta».

La polarización ideológica que ha protagonizado gran parte de la historia de un país como España es algo que a parte de la Guerra Civil también ha corroborado la coyuntura bélica de 1808 en la que transcurre gran parte de la vida de Arnau, y es que como apunta el Doctor, «cualquier movimiento ideológico radicalizado produce fricciones. La historia de todos los países está llena de episodios de ese tipo, no creo que seamos más o menos pasionales que ninguno de ellos».

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