El mayor bulo de la historia: cuando Numancia era Zamora

Numancia es emblema de tenacidad, resistencia, empecinamiento. Esa terquedad española llevada a la enésima potencia. Por eso, la defensa numantina contra Roma ha pasado a la historia como uno de los grandes capítulos de la valentía de los celtíberos.

¿Quién no querría, pues, que aquella defensa inasequible al desaliento y que culminó con el suicidio de los numantinos, incapaces de ceder al poder imperial por gusto, se hubiese localizado en su provincia? Ahora sabemos a ciencia cierta que Numancia, de la que existen vestigios arqueológicos, estuvo en Soria, pero durante muchos siglos Zamora se llevó el ascua a su sardina y con no muy buenas artes.

El historiador medieval Josemi Lorenzo ha desenmascarado en un estudio titulado “El ladrillo de Zamora, existencia, desaparición, reparación y destrucción de la prueba material de que Zamora fue Numancia”, publicado en el Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, este enorme bulo histórico.

El Rey Alfonso III, en el siglo X, fue el responsable de asentar el engaño con el que pretendía que el reino se ligara a las virtudes de la vieja Numancia. Un ladrillo con la inscripción “Onumancia” sirvió de señuelo. Además, se buscaba que con este precedente histórico lograr una sede episcopal.

Josemi Lorenzo ha probado las mentiras interesadas del ladrillo, que no databa de la época, que sirvieron para hacer de Numancia, el enclave que resistió 18 años a la todopoderosa Roma, un lugar de Zamora, en vez del asentamiento soriano que ya desde mediados del siglo XIX comenzaría a revelarse como tal.

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