El cambio climático aumentará las muertes de niños en África por calor

Los niños africanos de corta edad corren especial riesgo de sufrir los efectos del estrés térmico.
Riccardo Mayer / Shutterstock

Cathryn Birch, University of Leeds; John Marsham, University of Leeds y Sarah Chapman, University of Leeds

El cambio climático ya ha incrementado las temperaturas globales y, en particular, las más extremas. Se trata de una tendencia que no se revertirá a menos que se consiga la neutralidad climática. En este sentido, el objetivo de los 1,5 grados del Acuerdo de París exige que las emisiones se reduzcan cerca del 50 % en los próximos 10 años.

Los recién nacidos son especialmente vulnerables a las altas temperaturas, ya que tienen una capacidad limitada para termorregularse –dicho de otro modo, de controlar su temperatura corporal– y es más fácil que su temperatura suba o baje peligrosamente. Por su parte, los bebés de más edad y los niños pequeños pueden termorregularse mejor, a pesar de que a veces no comunican su malestar por las temperaturas y de que dependen de las personas que los cuidan para elegir la ropa adecuada y cambiar su entorno abriendo una ventana o buscando sombra.

África cuenta con algunos de los países más pobres y cálidos del mundo, lo que significa que los niños del continente se enfrentan a los riesgos de los efectos del estrés térmico. No obstante, las estimaciones sobre las muertes relacionadas con el calor en niños africanos son limitadas, fundamentalmente por la falta de información disponible sobre mortalidad en el continente. En realidad, el impacto del cambio climático en la mortalidad infantil ocasionada por el calor apenas se ha investigado en las demás partes del mundo.

Para salvar esta brecha de conocimientos, hemos estimado la mortalidad actual y futura relacionada con el calor y derivada del cambio climático en niños africanos de menos de cinco años. Para hacerlo, utilizamos un abanico de diferentes supuestos hipotéticos de calentamiento global y la información de unos pocos estudios existentes que relacionan las temperaturas con las muertes infantiles en África ocasionadas por el calor. De igual modo, examinamos el crecimiento poblacional y los descensos recientes en los índices totales de mortalidad infantil en países africanos debido a mejoras de desarrollo, como mejores sistemas de salud e infraestructuras.

Estimamos que, entre 2011 y 2020, hubo de 12 000 a 19 000 muertes infantiles cada año en África relacionadas con el calor. De ellas, la mitad aproximadamente pueden atribuirse al cambio climático. Las muertes adicionales ocasionadas por este fenómeno contrarrestan el descenso reciente en los fallecimientos relacionados con el calor que se había conseguido gracias a las mejoras en el desarrollo.

Nuestra investigación subraya la necesidad urgente de reducir las emisiones y de adoptar medidas de adaptación para reducir el impacto del calor en los bebés y los niños.

Muertes en el futuro

El número de muertes infantiles cada año derivadas del calor es actualmente bajo en comparación con el número de muertes por enfermedades como la malaria, que se salda cada año con la muerte de aproximadamente 400 000 niños africanos de menos de cinco años.

El futuro crecimiento en las muertes relacionadas con el calor depende de las futuras emisiones de gases de efecto invernadero y del subsiguiente calentamiento global. Las temperaturas y las muertes derivadas del calor seguirán creciendo hasta mediados de este siglo, independientemente de que la mortalidad infantil global se reduzca o de que se logre una rápida reducción de las emisiones.

En un futuro hipotético en el que no se introduzcan cambios y en el que las emisiones sigan aumentando, las muertes relacionadas con el calor en África podrían multiplicarse por dos en 2050. Pero se podrían evitar cerca de la mitad si limitamos el calentamiento global con arreglo al objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París.

¿Qué sucederá después de 2050?

De existir un futuro con elevadas emisiones de gases de efecto invernadero y un calentamiento global importante, muchas partes de África experimentarán en 2100 un clima sin parangón con ningún otro clima actual en la Tierra. Por tanto, no podemos asumir que las relaciones actuales entre la temperatura y las muertes infantiles provocadas por el calor sigan siendo de aplicación en el futuro.

La mortalidad relacionada con el calor depende de factores sociales y demográficos, así como climáticos. Sin cambio climático, las muertes por calor se reducirían seguramente con el paso del tiempo gracias a mejoras actuales en la coyuntura socioeconómica de los países africanos, como unos sistemas de sanidad más robustos.

Hemos preferido no calcular las muertes por calor más allá del año 2050, pues consideramos que las incertidumbres sobre el crecimiento poblacional futuro, el desarrollo socioeconómico y las emisiones de gases de efecto invernadero son demasiado grandes para realizar estimaciones exactas.

No obstante, centrándonos únicamente en las subidas de las temperaturas, si las emisiones se reducen en línea con el Acuerdo de París, el número de días al año por encima del umbral letal de calor en África solo será ligeramente mayor en 2100 en comparación con la actualidad. Ahora bien, si el Acuerdo de París no se cumple, en 2100 se podría superar el umbral de letalidad a razón de 200 a 300 días cada año.

Nuestros cálculos no tienen en cuenta la adaptación futura a las subidas de las temperaturas. Si se cuenta con los recursos suficientes, como el uso de aires acondicionados y cambios en las prácticas de cuidados, será posible adaptarse a las temperaturas extremas futuras. No obstante, dado que los niños más pequeños, en particular, los bebés, no se termorregulan, no pueden aclimatarse psicológicamente del mismo modo que los adultos.

Repercusiones

Nuestra investigación muestra que el cambio climático ya afecta de manera negativa la salud de los niños de África. Algo similar puede estar ocurriendo en otros países en vías de desarrollo en los trópicos y en las regiones subtropicales.

En la actualidad, ningún país va camino de reducir las emisiones para cumplir con el Acuerdo de París y mantener el calentamiento global en los 1,5 °C. Si no se adoptan acciones urgentes, los límites tope de supervivencia humana –como la temperatura de bulbo húmedo de 35 °C– podrán alcanzarse con frecuencia en los trópicos en 2100, lo que acarrearía consecuencias desastrosas para las poblaciones de África y de otras regiones.


Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Eduard Galán Sanjuán.The Conversation


Cathryn Birch, Associate Professor in Meteorology and Climate, University of Leeds; John Marsham, Professor of Atmospheric Science, University of Leeds y Sarah Chapman, Research Fellow, University of Leeds

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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