Con responsabilidad, otra jubilación es posible

Con responsabilidad, otra jubilación es posible

Shutterstock / Andrei Porzhezhinskii

Clara Selva Olid, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

¿Quién no ha fantaseado alguna vez con todo aquello que podría hacer si estuviera jubilado? Recoger los frutos sembrados, olvidarse de las preocupaciones y ser completamente dueño de su tiempo. Pero, llegado este momento, ¿estaremos realmente preparados para ello? Quizás pensemos que sí y que no son necesarios demasiados preparativos para transitar hacia una etapa en la que el tiempo libre pareciera ser sinónimo de goce.

Sin embargo, hay estudios que señalan que ni estamos tan preparados ni contamos con las suficientes herramientas para afrontar con satisfacción este momento vital. Ni tan siquiera que, en realidad, disponer de tanto tiempo libre a destajo sea siempre una dicha.

Si con todo ello aún no nos ha invadido cierta incertidumbre al pensar en nuestra jubilación añadámosle una última controversia: ¿serán sostenibles, en un futuro, los actuales sistemas de pensiones? Sobre este punto no son necesarios vaticinios, sino la certeza clara de que su fecha de caducidad se acerca a un ritmo estrepitoso.

Caso España: un sistema de pensiones que agoniza

Es una realidad: la balanza de la pirámide poblacional española se ha desequilibrado. ¿Las razones? El descenso de la población, la imparable caída de la natalidad y el incremento de la calidad y esperanza de vida de los españoles. ¿Las consecuencias? Un tambaleo sin precedentes de su sistema de pensiones y, con ello, una imperante necesidad de tomar cartas en el asunto.

Poner freno a la desaparición del sistema de pensiones es, desde 2011, parte de la agenda política. ¿La receta propuesta por el Gobierno actual? Incrementar gradualmente, y en un periodo de 18 años, la edad de jubilación y los años cotizados para poder alcanzar el 100 % de la pensión.

Sin embargo, nada parece asegurar la solvencia de un sistema de pensiones que agoniza. Para muestra un botón: el informe España 2050 presentado por el presidente de Gobierno abre la puerta no solo a seguir incrementando la edad de jubilación al tiempo que lo hace la longevidad, sino también a la imperiosamente necesaria reforma del sistema público de pensiones.

Y es que ni la rabiosa actualidad de este fenómeno ni el amplio interés que ha despertado en la literatura académica han sido suficientes para que, a día de hoy, España cuente con procedimientos que permitan avanzar en la gestión del talento de esta etapa vital. Esto se debe a varias razones, como la inadecuada transferencia de conocimiento entre la academia y el mundo profesional (que hace inexistentes algunos de sus hallazgos), la falta de aplicabilidad de estas medidas o su lejanía con las demandas de las personas próximas a la jubilación.

Preparar la jubilación

La realidad muestra que se nos prepara poco, o nada, para afrontar el cambio radical que supone la jubilación tras décadas trabajando.

Basta con atender al dato de que solo dos de cada diez españoles considera que su organización aporta información y le ayuda en su planificación para esta nueva etapa. Un panorama que evidencia una práctica ausencia de preparativos y que confronta con una acuciante demanda social para que organizaciones y gobiernos tomen cartas en el asunto.

Las recetas mágicas no existen y serán los propios intereses y expectativas, el estado de salud, género y situación personal, social y económica, los que condicionarán las necesidades en el momento de la jubilación. Pero se puede trabajar sobre tres cosas:

  1. Disponer de la posibilidad de tomar las riendas sobre el momento en que queremos jubilarnos.
  2. Fomentar el autoconocimiento con una mayor educación para el ocio.
  3. Potenciar actividades de apoyo que favorezcan el establecimiento de nuevos círculos sociales.

Contra la insatisfacción, responsabilidad

Personas, organizaciones y Gobiernos deben asumir su responsabilidad: hay que generar conciencia, difundir las necesidades que requiere esta transición y prepararse para afrontarla.

Es esencial que los trabajadores realicen una lectura de autoconocimiento respecto a qué quieren hacer llegado este hito vital. Más aún a sabiendas de que la jubilación se asocia a la pérdida de uno de los roles más identitarios, y al irretornable tránsito hacia las clases sociales pasivas, con todos los prejuicios de carga, improductividad y ancianidad que ello supone.

Esta es su responsabilidad: comprometerse a planificar su bienestar y buscar alternativas que les permitan sentirse útiles e importantes el día de mañana. Buenas fórmulas para ello pueden ser cultivar otros roles, más allá de los laborales, y realizar actividades sociales como el voluntariado.

Por lo que respecta a empresas y organizaciones, es urgente que abandonen el rol de espectadores que han venido ocupando y asuman su responsabilidad en el proceso de jubilación de sus trabajadores.

¿Cómo hacerlo? Apostando por modelos organizativos flexibles, personalizados y que permitan continuar la vinculación laboral a las personas que aportan valor. En la práctica, esto se traduce en tarifas planas de asesoría, mediante las cuales las personas en edad de jubilación puedan ayudar a la integración de nuevos miembros en la empresa, o en empleos puente, que posibiliten una adaptación progresiva al retiro.

Preparar y negociar alternativas previas a la jubilación no solo beneficia la satisfacción vital de los trabajadores, sino que también puede suponer el fin del irreemplazable derroche de talento actual en las organizaciones.

Finalmente, es preciso que Gobiernos y Administraciones sigan por el camino iniciado, dejando atrás sus tradicionales políticas de talla única, y apostando por liderar un cambio real en el paradigma de la gestión de la jubilación.

Su cometido es triple:

  1. Impulsar una nueva conciencia del estatus social del jubilado alejada de los estigmas y prejuicios actuales.
  2. Implementar políticas que permitan una verdadera gestión de la diversidad en el retiro.
  3. Diseñar programas y herramientas que promuevan el bienestar, la reorientación vital y la toma de decisiones de jubilaciones anticipadas en la población.

En pocas palabras, el tiempo para mirar de reojo la jubilación ha finalizado, y los Gobiernos deben pasar a ser los grandes protagonistas del cambio impulsando desvinculaciones graduales, menos traumáticas y que mejoren la satisfacción en esta etapa vital. Y todo ello con un único fin: que la jubilación del día de mañana tenga cierto parecido al retiro con el que fantaseábamos antes de ayer.The Conversation

Clara Selva Olid, Profesora Agregada en los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC – Universitat Oberta de Catalunya, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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