¿Alienígenas en Madrid?

La noticia del aterrizaje de un Objeto Volador No Identificado (OVNI) se extendió como un reguero de pólvora por el madrileño barrio de Aluche la noche del 6 de febrero de 1966. La Prensa nacional no tardó en hacerse eco del asombroso acontecimiento. Fue entonces cuando se dio a conocer al gran público uno de los episodios más extraños y significativos del misterio en España: el llamado «caso Ummo». Ummo sería el nombre de un planeta situado en la constelación de Virgo. De aquel remoto rincón del universo procederían unos extraterrestres espigados, rubios y de ojos azules, que habrían decidido compartir generosamente con los terrícolas su avanzada tecnología.

Meses antes del incidente de Aluche, un reducido grupo de personas ya había sido contactado por esos supuestos alienígenas mediante una serie de enigmáticas cartas y llamadas telefónicas que contenían información científica de vanguardia. En ellas, los «ummitas» describían la vida en su propio mundo, su historia y forma de pensar.

Los receptores de aquellos mensajes se mostraron fascinados desde el primer instante, convencidos de la veracidad del asunto, lo cual no era extraño en absoluto teniendo en cuenta que la mayor parte de ellos pertenecía a una asociación de apasionados por los ovnis, que se reunía todas las semanas en los sótanos de un conocido café madrileño. A estos encuentros solía asistir también un joven aficionado a todo lo paranormal, llamado José Luis Jordán Peña, cuyo papel en el «caso Ummo» se revelará fundamental. De hecho, según su propia confesión realizada tres décadas más tarde, se trató de un monumental engaño que él mismo pergeñó desde el principio. La sola mención de su nombre sigue causando malestar hoy en los ambientes del misterio, aunque hayan transcurrido ya más de cincuenta años del sonado fraude. Y pese a ello, a sus críticos más acérrimos no les duelen prendas en reconocer que Jordán Peña poseía una mente brillante y un cáustico sentido del humor que lindaba con el sadismo. Prueba de ello fue lo que él mismo denominó su primera investigación sociológica, que consistió en arrojar a las calles de Madrid un buen fajo de billetes desde lo alto de la azotea de la pensión donde residía entonces. El revuelo armado fue de los que jamás se olvidan. Pero se trató nada más que del principio. Poco después, empezó a asistir a las tertulias ufológicas de la capital. Y se le hizo la boca agua cuando comprobó el ingenuo entusiasmo de sus participantes. Ellos, precisamente, iban a ser las víctimas de su próximo gran engaño: el «caso Ummo». Jordán Peña envió las cartas y efectuó las llamadas telefónicas, en efecto, haciéndose pasar por «ummita». Él urdió el falso aterrizaje de Aluche. Fue también quien luego echó más leña al fuego trucando las fotos de la maqueta de un platillo volante, las cuales remitió a la prensa haciéndolas pasar como la prueba irrefutable de un nuevo avistamiento. Todo por el morbo de ver qué pasaba. Y lo que sucedió después superó con creces todas sus previsiones. La broma se le escapó de las manos, convertida en un fenómeno viral, como se diría hoy, que traspasó cualquier límite fronterizo. En los años siguientes, adquirió categoría de culto entre los aficionados y amantes del fenómeno paranormal. Se formaron grupos de seguidores en Francia, Italia, Japón y en la mayoría de los países de Suramérica. Hasta en Estados Unidos, el caso adquirió gran relevancia. Se crearon sectas paralelas que, invocando el nombre de Ummo, se dedicaron a cometer todo tipo de tropelías, como los fundadores de un hospital en Argentina donde a los pacientes de cáncer se les instó a abandonar sus tratamientos para someterse a una terapia de medicina extraterrestre. Así, como suena.

Y entre tanto, surgieron todo tipo de teorías para apoyar o desmontar el mito Ummo. No faltaron quienes señalaron a la CIA como responsable del mismo. Otros adujeron que se trataba de una maniobra marxista patrocinada por el KGB. Y hasta hubo algunos que apuntaron a los propios servicios secretos españoles.

Todavía hoy existen personas convencidas de la autenticidad de los hechos, las cuales aseguran que los «ummitas» nos visitaron para salvarnos de nosotros mismos. Seguidores para quienes lo sucedido no fue en modo alguno una vulgar patraña proveniente de la imaginación calenturienta de Jordán Peña. No en vano, un miembro del grupo Ummo Sciences está convencido de haber descifrado el lenguaje de Ummo, diferente por completo de cualquier otro conocido. De todo hay en la viña del Señor…

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